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Influencers, Sinvergüencers y Fakevergüencers

Hace años atrás (2009 – 2010), algunas celebridades, comunicadores y personalidades locales que estaban (y algunos siguen estando) en Twitter entendieron que una fuente a futuro de ingresos bien podría ser su cuenta de Redes Sociales. Hicieron lo que pudieron para engrosar sus cuentas. Muchos se apalancaron en sus programas de radio, televisión etc.. para poder tener cada día más seguidores.

Ahí nacieron los primeros influencers dominicanos. Celebridades que lograron posicionarse utilizando sus influencias mediáticas para poder tener cada día más y más seguidores. Y se convirtió en un concurso. ¡Ah! Que fulano tiene tanto, pero no tanto como sutano… y mengano se los come a todos porque el tiene medio millón de seguidores en Twitter.

Primero fueron los comunicadores entre veinte y treinta y cinco años. Les siguieron la segunda camada de comunicadores que no eran tan famosos. La lista “B” si se puede decir. Emularon tal cual la estrategia digital de los primeros. Y lograron sus resultados. Claro, como su apalancamiento offline no era tan fuerte, sus resultados fueron proporcionales al éxito de sus programas radiales y televisivos.

Todo este movimiento interesó a los políticos que empezaron a ver que en vez de contratar a estos “influenciadores” podían hacer lo mismo. Nacieron las cuentas de los políticos que un día no estaban en Twitter y al otro día ya tenían veinte mil seguidores.

Y no era porque “estaban duro”. Era que compraron el paquete de veinte mil seguidores. Pero entendieron una cosa rápidamente. Había que estar en las Redes Sociales, porque era el futuro. ¿Qué publicarían? Excelente pregunta. De hecho, muchos hasta el día de hoy se siguen preguntando eso mismo.

Twitter en ese momento era el lugar para influenciar. Pobre Twitter, plataforma tan sujeta a manipulación y como sufría ese algoritmo. Un día estaba de Trending Topic un candidato, al otro día estaba de Trending Topic su oponente. Se veía un patrón demasiado fácil de identificar. El “un día tú, un día yo” estaba al orden del día en las campañas políticas de la época. Y lo que realmente me parece entretenido es que por muchos seguidores que tenían en Twitter, el perfil de la mayoría realmente no correspondía a un usuario promedio local en Twitter. Haciendo un poco de investigación en cada cuenta que retwiteaba las publicaciones de los candidatos se veía clarito una intención de amplificar el mensaje de manera inorgánica (o sea falsa), el equivalente digital de pagar a una legión de personas a llamar programas de opinión política en la radio (yo siempre me he preguntado, ¿quién tiene el tiempo para llamar todos los días a estos programas?).

Pero suficiente de política, además, los influenciadores políticos no han avanzado mucho desde entonces. Volvamos a lo que le gusta la gente… la farsándula farándula.

Ahí si han cambiado las cosas. ¿Sabes por qué? Porque los influenciadores que han surgido desde entonces no necesariamente son celebridades (o sea no son ni actores, ni comunicadores, ni modelos ni cantantes). Algunas son personas que se han convertido en famosos digitales gracias a que su contenido ha caído en gracia al algoritmo de Instagram o YouTube.

Entonces el hecho de cualquier persona puede ser famoso (que al parecer es algo que muchas personas quieren ser) ha catapultado a toda una generación de Millennials y Viejennials a convertirse en expertos en maquillaje para usar en la oficina, Fashionistas, Travel bloggers de como viajar gratis (¡gratis! yo te enseño…). Coaches de vida, Coaches Financieros, Coaches de Productividad, Coach de Coaches, “Hola soy Germán” wannabes y expertos digitales para que puedas ganar rápidamente dinero en el Internet. Básicamente se ha evangelizado que cualquier persona puede buscar su pasión (y si no lo estás haciendo, estás out) y amplificarlo en Social Media en busca de una monetización o reconocimiento. Éxito.

Ahí entran los Sinvergüencers. Pero primero, ¿qué es un Sinvergüencer? Fácil, es la metamorfosis de un Influencer y un sinvergüenza. Es la típica cuenta que habla de salud, comida vegetariana, desintoxicación y después te quiere vender un caldo de pollo sintético. Cuentas que en algún momento eran chéveres y despues lo convirtieron en una valla al mejor postor. Y aquí en República Dominicana todavía tenemos la mentalidad de “si la canción es buena, ponla 500 veces durante el día”. Esa visión cortoplacista que solamente ve el juego a no más de 6 a 12 meses. Así que, si te pegaste por a, b, c razón agarra esa teta y ordéñala hasta que salga queso cheddar.

¿Cómo reconocer a un Sinvergüencer? Fácil:

  • Cuando se presentan, se presentan como Influencer. “Hola, me llamo Edgar, soy influencer”. Hay celebridades que cuando lo contrata una marca han dicho públicamente por sus cuentas de Instagram “Gracias a “x” marca por haberme contratado como influenciador”. Oye, la influencia es como el amor, menos bla bla y más acción. Show me the likes y despues hablamos.
  • Tienen un engagement horrible. ¿Qué es una tasa de engagement buena? Cualquier cosa sobre un 4% – 5% es buena. Considerando que hay muchas y muchos influenciadores locales que cuando les mides la interacción (que sí se puede medir) obtienen menos de un uno por ciento. Claro, uno por ciento de un millón de personas son diez mil personas, ¿cierto?
  • Pero que pasa cuando tomas 20 influenciadores pequeños / medianos que tienen una tasa de interacción de alrededor de un 5% – 7 %? Podrían tener mejores resultados por el simple hecho de que la comunidad es más orgánica y el influenciador tiene más credibilidad entre la comunidad. Justamente porque no se la pasa cobrando sus publicaciones. ¿Pero no es más fácil contratar a una sola persona que contratar a veinte? Ahhhhh….
  • Entonces están los Influencers, los Sinvergüencers y los Fakevergüencers. ¿Y quiénes son los Fakevergüencers? Son las personas que quieren ser Influencers, pero no tienen ni el talento, ni el “charm”, ni el contenido, ni la estrategia, ni tampoco la paciencia ni coherencia para ejecutar un plan de contenidos. Así que ellos fabrican todo, desde seguidores e incluso como vimos en el caso de Johanna Olson, una influencer de viajes que retocaba sus fotos con Photoshop para dar la impresión de que un día estaba en Paris el otro día en Italia y así… cuando en realidad estaba en Londres posiblemente en un frio y triste sótano mal iluminado con un extraño olor a humedad comiendo pescado frito y papas que sobró de la noche anterior rodeada de sus 3 gatos.
  • Ni hablar entonces de los influenciadores que se sacan fotos con ropa, maquillaje, comida, hoteles y otras cosillas “agradeciendo” las atenciones (como para dar la impresión de que fueron invitados) cuando en realidad pagaron todo de su bolsillo. Una treta hecha para dar la impresión de que ya son influenciadores y que las marcas los están contactando (en espera que una marca ingenua caiga en la trampa y realmente lo contrate).

Entonces, ¿qué es de verdad y qué es de mentira? ¿Cómo podemos saber cuándo nos están mintiendo? En fin, volvemos al viejo dicho “no todo lo que brilla es oro”. Y eso, en el ámbito y contexto latinoamericano nos saca el indio que todos tenemos adentro

Sobre Edgar
Tiene más de 19 años de experiencia en marketing digital y es un apasionado del Internet y el Social Media. Tiene 5 años ofreciendo clases, capacitaciones, charlas y conferencias de Redes Sociales en Colombia, Panamá, Puerto Rico y República Dominicana. Es Coordinador y Facilitador del Diplomado del EGRU- Universidad Iberoamericana de “Community Management y creación de contenidos”. Para saber más sobre él ingresen a su web http://www.edgararguello.com/ y a sus redes sociales @edgararguellog.


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