Crisis, Mis recomendaciones

¿Y si armamos nuestro propio manejo de crisis? 

Hace algunas semanas les hablaba en un post de Instagram, de esos que uno hace tipo desahogo pero disfrazado de inspiración, sobre el estrés que estaba sintiendo. No es un secreto para nadie que todo periodista, comunicador, relacionador público, organizador
de eventos y DIRCOMS, enfrentan situaciones diarias que ponen a prueba su paciencia e inteligencia emocional. Clientes internos y externos insatisfechos, personas complicadas y difíciles, temas y conflictos que parecen no tener fin, son el pan nuestro de cada
día de muchos.

En mi caso les cuento una anécdota antes de entrar en materia. Cuando trabajaba en agencia tenía dos clientes de crisis. El primero, era una distribuidora de electricidad ubicada en la Región Norte del país. El segundo pertenecía al sector salud. En ese
momento ambos se encontraban en situaciones críticas debido a la aprobación de proyectos de ley que afectaban sus operaciones y que comprometían sus ganancias, además de tener a toda la opinión pública e incluso stakeholders en su contra. En medio de ese escenario estaba yo. Veintiañera, con un niño de 1 año y con la responsabilidad de tener una casa yo sola.

Mi celular no paraba de sonar, ni siquiera los sábados y días feriados. Mi Whatsapp estaba activo hasta los domingos y viajaba con bastante frecuencia. Mi cumpleaños número 30 no lo pude hacer porque a las 6 pm mi cliente del sector salud me llamo con
una situación que, aunque no era de emergencia, si era importante. Así que localice a mi mamá y le dije que guardara todo en la nevera, incluyendo las bebidas,  despachará a mis amigos, primos y tíos. Básicamente mi día de cumple me la pase hasta las 12 de
la noche junto con la diseñadora arreglando una presentación. Ya se imaginarán lo deprimente que fue.

Ahora me río, pero en ese momento me invadió la tristeza. Se que como yo muchos han vivido situaciones como estas y hasta peores. Nos han enseñado que trabajar bajo presión es una cualidad y una competencia. También nos han entrenado para sentirnos culpables si damos una excusa, si nos vamos a la hora de salida establecida y nos aplauden si anteponemos el trabajo sobre todas las cosas, incluyendo hijos, esposo, amigos y hasta nuestro propio bienestar. En un escenario como este llega un punto en que uno se desespera, entra en crisis y se pregunta: ¿y ahora qué hago? ¿me tiro del puente? ¿renunció?

La respuesta no es ni renunciar ni tirarse del puente más cercano, más aún si nos gusta tanto lo que hacemos. Por eso y porque varias personas me pidieron seguir el post de Instagram aquí en el blog, quiero compartir con ustedes los pasos para que nosotros
mismos, los estrategas, los periodistas, los comunicadores, crezcamos en nuestras propias situaciones de crisis. Y es que si podemos ayudar a otros, ¿por qué no podemos hacerlo con nosotros mismos?

1Identifiquemos el problema. En las sesiones de planificación estratégica siempre se le pide al cliente que hablé. En esa conversación se le pregunta sobre su escenario actual, cuáles son esas circunstancias que lo han llevado a
pedir ayuda y cuál es ese escenario deseado que le va a permitir pensar en qué hacer para que su conflicto se resuelva. Con nosotros pasa igual. Quedarnos dando vueltas en círculo repitiendo que estamos cansados y que ya no aguantamos más no va a cambiar la
situación. Por eso es importante analizar las cosas con detenimiento y cabeza fría.

2Definamos nuestro escenario deseado estableciendo qué queremos, por qué lo queremos y si lo que estamos haciendo ahora va a acorde con lo que deseamos.De esta manera, podemos trabajar de una forma más clara y contundente
en resolver nuestra crisis y tomar decisiones adecuadas en pro de nosotros mismos.

3Determinemos cuáles son nuestras oportunidades de mejora, las fallas y el origen de ellas. En este punto, es esencial identificar si esas fallas u oportunidades de mejora han sido provocadas por nosotros mismos, por un tercero,
por un proceso que no está debidamente esquematizado o alguna situación de contexto que no estemos tomando en cuenta. De esta forma, vamos a estar más claros y sabremos qué camino tomar para sentirnos mejor y más cómodos.

4Escuchemos y dejémonos coachar. Si algo tenemos todos los comunicadores es que oímos pero no escuchamos. Si escucháramos más a aquellos que nos corrigen o nos quieren ayudar en lugar de responder a cada cosa, nos iría mejor. Por eso y tomando en cuenta
la premisa de este artículo, es esencial que escuchemos a nuestros mentores. Conversemos con ellos sobre los que nos pasa y pidamos orientación. Bien es sabido que un problema se ve menor cuando se trabaja entre dos.

5Elaboremos nuestro propio plan. Cuando me sentí fuera de control por lo exigente de mi trabajo y por situaciones que estaba viviendo a nivel personal, decidí hacer mi propio plan. Recuerdo que le puse “Romina debe tener una vida”. Suena gracioso pero
la verdad es que tomar esa decisión me ayudo mucho. Este plan debe incluir acciones claras que nos ayuden a llegar a donde queremos. Yo las dividí por mes y me aseguré de que fueran metas logrables y medibles en el tiempo para tampoco frustrarme.

6Por último, seamos flexibles y menos duros con nosotros mismos. Así como predicamos la empatía hacia los clientes, los superiores, los subordinados y hacia los compañeros de trabajo, debemos practicarla para beneficio de nosotros mismos. Si algo no sale bien, busca la oportunidad de mejora, pero no te des con el látigo en cada ocasión.
¡ Nos leemos el próximo jueves!  

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