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¡Me vendieron un sueño! El influencer que contraté no es Superman

Situémonos en este escenario. Tenemos una tienda de zapatos y también alquilamos vestidos de fiestas. Nuestro escaparate es Instagram, una red que hasta el momento tiene 700 millones de usuarios activos, en la que se suben más de 95 millones de fotos diarias y en la que se registran más de dos millones de likes. Todo parece ir bien, las personas te comentan y te preguntan los precios con frecuencia. Sin embargo, cuando llega el fin de mes y sacas las cuentas, no has vendido ni una sola pieza. Entonces, la situación te lleva a cambiar de estrategia. Tu producto es bueno y lo sabes, así que te acercas a varias influencers del medio y llegas a un acuerdo. Sin embargo, esta jugada tampoco te funcionó, las ventas no suben, sigues estancado y te preguntas: ¿de qué sirven los influencers? ¿qué hago ahora con toda esta mercancía que no se vende? ¿qué otra cosa adicional puede hacer para que la gente me compré?

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Netflix: el Jesucristo de las marcas personales

No quiero que los católicos, cristianos o quienes son muy religiosos crean que estoy faltándole el respeto a Jesús porque no es así, pero así como el Señor Jesús trajo un alido de esperanza a muchos corazones en su primera venida, lo mismo esta haciendo Netflix con tantas marcas y celebridades que muchos pensábamos que ya habían quedado en el olvido. Desde Donald Trump (cuya popularidad va de “on” a “off” de un momento a otro), la fallecida Whitney Houston, Los Kennedy, Gloria Allred y ahora Luis Miguel están viviendo el resultado de la ecuación Netflix.

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Will Smith: de ser celebrity a ser un influenciador

Will Smith es un influenciador innato. No ha necesitado de promociones, publicidad, endorsement de grandes marcas y tampoco ha tenido que recurrir a la realización de concursos para aumentar los likes, los comentarios, mejorar el alcance e incrementar el número de seguidores. A diferencia de muchos influencers que conocemos, famosos o no, que se han visto obligados a hacer todo esto y más, el paso de esta estrella de cine a las redes sociales se ha sentido natural y fluido.

Will ya era una celebridad de clase mundial antes de abrir su cuenta de Instagram. Todos vimos el “Príncipe del Rap”, compramos el CD donde estaba la canción “Miami” y lloramos con la película “La Búsqueda de la Felicidad”. Sin embargo, la influencia que ha logrado en redes no es sólo producto de su fama.

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Crisis, Mis recomendaciones

¿Y si armamos nuestro propio manejo de crisis? 

Hace algunas semanas les hablaba en un post de Instagram, de esos que uno hace tipo desahogo pero disfrazado de inspiración, sobre el estrés que estaba sintiendo. No es un secreto para nadie que todo periodista, comunicador, relacionador público, organizador
de eventos y DIRCOMS, enfrentan situaciones diarias que ponen a prueba su paciencia e inteligencia emocional. Clientes internos y externos insatisfechos, personas complicadas y difíciles, temas y conflictos que parecen no tener fin, son el pan nuestro de cada
día de muchos.

En mi caso les cuento una anécdota antes de entrar en materia. Cuando trabajaba en agencia tenía dos clientes de crisis. El primero, era una distribuidora de electricidad ubicada en la Región Norte del país. El segundo pertenecía al sector salud. En ese
momento ambos se encontraban en situaciones críticas debido a la aprobación de proyectos de ley que afectaban sus operaciones y que comprometían sus ganancias, además de tener a toda la opinión pública e incluso stakeholders en su contra. En medio de ese escenario estaba yo. Veintiañera, con un niño de 1 año y con la responsabilidad de tener una casa yo sola.

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Las redes sociales y los políticos dominicanos. ¿Cómo les benefician y las pueden usar a su favor?

Las encuestas Gallup Hoy y ASISA publicadas hace dos semanas, nos dan una idea muy clara del panorama político de cara al año 2020. Ambos sondeos, cuyos resultados son bastante similares, nos muestran cuáles son los líderes políticos dominicanos que poseen mayor popularidad, su índice de aceptación o de rechazo por parte del electorado, así como el lugar que ocupan los más jóvenes (ya sea por tiempo o por méritos) en el top of mind de la población.

Ambas investigaciones sitúan a Danilo Medina, Luís Abinader, Hipólito Mejía, Leonel Fernández, Miguel Vargas Maldonado, Margarita Cedeño de Fernandez y Francisco Domínguez Brito como los de mayor liderazgo en la actualidad y los que podrían competir a la Presidencia de la República. Sin embargo, los datos que más llamaron mi atención y que deberían ser analizados con mayor detenimiento, son los porcentajes de popularidad que alcanzaron los más jóvenes y el alto índice de aceptación que presenta Ramfis Trujillo Domínguez, nieto del fallecido dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina.

A pesar de que podamos entender que un 3.3% no es una cifra significativa cuando se compara con el alto porcentaje de Luís Abinader y de Danilo Medina, sí lo es. Estamos hablando de jóvenes que están posicionándose como líderes de opinión dentro y fuera de sus partidos. Figuras que están creando comunidades de adeptos fieles y con quienes han construido conversaciones de valor a través de las plataformas sociales. Políticos como Faride Raful, David Collado, Wellington Arnaud y Orlando Jorge Mera prometen cambios y muestran coherencia en cada una de sus intervenciones.

En el caso de Ramfis Trujillo es más interesante todavía. Cuando Ramfis hizo públicas sus aspiraciones,  fue juzgado y rechazado por dos obvias razones: es nieto de un dictador y no tiene ninguna experiencia. Sin embargo, desde que empezó a utilizar las redes sociales y a llamar la atención sobre corrupción, migración haitiana e inseguridad, su liderazgo se incrementó. La Gallup Hoy, por ejemplo, lo sitúa con un 47% de aceptación.

En este sentido, es importante analizar cómo estos políticos puedan usar las redes sociales para continuar reforzando su posicionamiento y cuáles son esos beneficios que les aportan estas plataformas para tener un contacto directo y efectivo con sus audiencias claves.

1- Mayor control de sus mensajes: Ya no es necesario que los políticos dependan de terceros para posicionar los temas que les interesan. A través de las plataformas sociales, específicamente de las propias, pueden transmitir las informaciones que desean con un control casi total del contenido a difundir; llegando de una manera más efectiva a sus públicos objetivos.

2- Conectan: Instagram, Facebook y Twitter son canales de conexión. A través de estas plataformas pueden generar empatía hacía ellos por parte de sus seguidores y de aquellos públicos a los que quieren llegar. Esto, no se logra de la noche a la mañana. La clave esta en crear una estrategia que humanice a la figura y que tenga como propósito final que los seguidores se conviertan en embajadores. Si este objetivo se cumple, el político verá como esa comunidad de followers multiplica sus mensajes y mejora significativamente el alcance de sus iniciativas.

3- Historias propias: Las plataformas sociales les permiten a los políticos dar las primicias y contar sus propias historias sin necesidad del apoyo de terceros, tomando en cuenta que Instagram, Facebook y Twitter se han convertido en fuentes para los medios de comunicación. En este sentido, y si se montan en este tren compartiendo contenido de valor que posicionen los temas de su agenda política, pueden no sólo llamar la atención del electorado, sino de organizaciones de la sociedad civil, influencers y posibles aliados.

4- Acceso a “data”: estamos en la era de la big data, donde las informaciones de los seguidores son utilizadas para crear campañas de publicidad,  promociones y para aumentar las ventas de un determinado producto. Si etiquetamos a los políticos como una marca, la big data funciona de manera casi perfecta (OJO: siempre y cuando las informaciones se analicen con minuciosidad). En este sentido, estos líderes podrán conocer los gustos, los intereses y la realidad de vida de sus seguidores a un precio costo-efectivo y podrán utilizar estos datos para generar puntos en común con ellos.

5- Les permiten escuchar y, sobre todo, escuchar de verdad: las redes les dan un termómetro a los políticos de cuáles son esos temas que los ciudadanos quieren que se comenten, pero que al Estado no les interesa desglosar. Por eso, a través de Instagram, Facebook y Twitter podrían hacer una verdadera y efectiva oposición, utilizando tópicos como la corrupción, la delincuencia y la equidad de género.

6- Interacción y comunicación bidireccional: las redes les permiten a los políticos interactuar con sus públicos y medir su nivel de aceptación de acuerdo al nivel de engagement que se genere. Recordemos que el engagement se determina a través de los comentarios, los shares, los likes y los mensajes que las marcas reciben. En este sentido, la bidireccionalidad de las redes los ayudarían a identificar aquellos aspectos que los alejan de sus seguidores y a desarrollar acciones rápidas y efectivas para no perderlos. 

7-Aprovechar los beneficios que representa cada red. Por ejemplo, en Twitter pueden informar lo que sucede en la campaña en tiempo real. Facebook les permite hacer un manejo más emocional y cercano haciendo uso de las fotos y vídeos. En YouTube pueden hacer un almacén de vídeos sobre sus campañas los cuales pueden viralizarse con mayor facilidad.

Espero que con este artículo tengamos más claridad sobre este tema y que podamos aplicar estas 7 claves hasta para nuestro posicionamiento personal. Nos leemos el próximo jueves con un post muy especial y muy personal.

 

 

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La pos verdad: ¿qué hacemos con ella?

Hace varias semanas tuve la oportunidad de asistir a una charla en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), mi alma mater, sobre la pos verdad. Aunque ya conocía el término y me he visto afectada de manera directa e indirecta por las consecuencias que generan sus efectos, asistí con muchas expectativas de aprender algo nuevo o, al menos, con tácticas efectivas para enfrentarla. Sin embargo, salí exactamente como llegue. Sin nada nuevo, sin un consejo, sin una alternativa para hacer frente a la realidad actual. El único consejo que me dieron a mí y a todo aquel que estaba ahí fue: “hay que resignarse a vivir con ella”.

Lo interesante de esta sugerencia es que no es la primera vez que la escucho. Esto sucede muy a menudo en talleres, conferencias, lives y hasta en artículos especializados que publican en las revistas económicas. Nos estamos quedando en el qué, en las definiciones, en repetir lo mismo una y otra vez, pero no estamos profundizando, no estamos explicando el cómo y justamente eso es lo que demandan los estudiantes de comunicación, los periodistas, las empresas y todos aquellos que representan o interactúan día a día con una marca.

Se que muchos al igual que yo no se van a conformar con un “hay que resignarse”. Sin embargo y antes de entrar en materia y desglosar el contenido de este nuevo post, hay que definir la posverdad, pero en esta ocasión #EnMisPalabras. La posverdad es la era de la desinformación. En la que a través de las redes sociales se difunden datos y hechos que no son ciertos, pero que por la rapidez, el boca a boca y el carácter emocional de muchos de ellos son percibidos como ciertos. Es como la lucha de David contra Goliat, una pelea en el que más pequeño siempre va a ganar porque la gente se inclina siempre por el más débil.

Lo interesante es que la posverdad siempre ha existido. La desinformación no es de ahora, ni tampoco surgió con las plataformas digitales. ¿Recuerdan los famosos tabloides de Inglaterra, las revistas del corazón en España o las columnas anónimas de los periódicos diarios? ¿O se les olvida los programas de espectáculos que eran el Instagram del 2004 al 2012?

Incluso, podemos ir más allá. Muchas veces los medios de comunicación se hacían eco de rumores y de datos no confirmados; noticias que afectaban y continúan comprometiendo de manera considerable la reputación de las empresas, marcas o personas en particular. Un ejemplo de ello es el famoso Y2K del que les hablé ayer en mi cuenta de Instagram. Aunque el Y2K si fue un tema en el 1999 y representaba un riesgo para los sistemas operativos del mundo, fue sumamente exagerado. Los medios hablaban de casi el fin del mundo, de que todo se iba a parar y que ni luz íbamos a tener. Recuerdo que tenía 12 años y me asuste muchísimo. Al final la electricidad permaneció y aunque se registraron fallas, nada que no pudiera ser reparado.

Hace 20, 15 y 10 años esos comentarios falsos o exagerados se enfrentaban de forma más fácil, por el simple hecho de que teníamos 24 horas para reaccionar y el alcance, aunque amplio, era en cierto modo más manejable. Ahora tenemos Instagram, Twitter, Facebook, Whatsapp y millones de usuarios entre todas estas plataformas que convierten en viral cualquier información. En este sentido, ¿qué hacemos?  ¿Nos resignamos a qué cada cosa que digan se quede como buena y válida? ¿Permitimos que nos difamen y afecten nuestra reputación? La respuesta es no.

Por eso quiero darles estos 6 to dos para que no nos resignemos ante la posverdad sino que la manejemos con inteligencia y la convirtamos en una oportunidad para colar nuestros mensajes y blindar la reputación de nuestras marcas (personales o empresariales).

1- Monitorear y estar pendientes de cualquier situación que suceda en nuestra empresa o en el entorno. Guerra avisada no mata soldado y aunque a veces los comentarios en redes nos sorprenden, muchas de las cosas que nos escriben o las quejas que externan los clientes o colaboradores ya son temas más que repetidos y con la pos verdad y el poder de las redes son exagerados a un 1,000 %.

2- Identificar aquellas situaciones o elementos vulnerables que podrían provocar comentarios negativos. Muchas veces la operatividad del negocio no nos permite sentarnos, detenernos y pensar en frío. Como les he dicho antes, no todo los problemas son de comunicación y si mejoráramos muchos de los procesos que no están funcionando como es debido en las empresas, le cerraríamos un poco la brecha a esta era de la posverdad.

3- Responder, siempre responder. Aunque la premisa de las situaciones de riesgo nos dice que se responde según la importancia del usuario (número de seguidores por ejemplo), hay que tener en cuenta que ahora mismo cualquiera puede armar toda una crisis haciendo una foto desde un ángulo poco favorecedor o grabando un voice note para después enviarlo por Whatsapp.  Por eso, no importa que tan importante sea el actor, se debe responder. La clave esta en la forma. Por ejemplo, si una persona esta escribiendo por mensaje privado quejándose de que un colaborador le hablo mal y no hacemos nada (también aplica para cuando lo hace en público), preparémonos para que al otro día se nos acuse de dar un mal servicio y de que no nos importan los sentimientos de nuestros clientes.

4- Tener claro un protocolo de respuesta que nos permita actuar ante estas informaciones falsas y darle el poder a quienes la utilizan. En este sentido, no podemos perder tiempo, ni enrolarnos en procesos burocráticos para aprobar un mensaje y mucho menos uno de Instagram y Facebook. Debe existir un equipo de rápida respuesta que se encargue de responder y otro que pueda ir haciendo las averiguaciones por si existe la necesidad de hacer otro comentario.

5- Adelantarnos a las situaciones e informar y más aún si hay celulares cerca. Si en nuestra empresa ocurre un hecho que sabemos puede ser informado en las redes sociales debemos ser los primeros en divulgarlo, siempre y cuando no sea un hecho confidencial. Por ejemplo, un incendio, la caída de un ascensor, accidente de un colaborador, son situaciones que debemos comunicar antes de que otro lo haga a su manera y manipulando recursos visuales. En este sentido, los posts deben ir acompañados de fotos, de vídeos, de algún recurso que complemente al texto y que no deje espacio para la duda.

6Por último, mantener las redes sociales activas y la página web, logrando que nuestras plataformas sean fuentes de información y no recursos inactivos donde nadie se interese en clickear. 

Bueno, espero que este artículo les haya dado una idea de que la pos verdad no es imposible de manejar. Tampoco es fácil, pero no es un asunto para resignarse.

Nos leemos el próximo jueves.

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